Decero

Empezamos Finca Decero, de cero. Desde la tierra virgen e inculta. Decero nació del romance de una familia con el vino. De la tradición vitivinícola de los abuelos de Thomas Schmidheiny en Suiza. Del amor de Adda, su madre, por la pequeña bodega familiar fundada en los años setenta en Napa Valley. Y del corazón y espíritu de Thomas, inspirados por los Andes y conquistados por Mendoza.

Empezar de cero era exactamente lo que Thomas había soñado: Uno de los grandes terroirs del mundo, con libertad para innovar y pleno de pasión. En Agrelo, cuna de algunos de los más elegantes tintos argentinos, Thomas supo que había encontrado el lugar en el que desarrollaría el legado familiar. El terruño que daría vida a vinos diferentes, honestos. Vinos expresivos, que honrarán genuinamente su origen.

Bella y desolada, la tierra que Thomas encontró está ubicada en el corazón de Agrelo, a los pies de la cordillera. Este campo, agreste, desnudo, con apenas algunas jarillas y chañares, se convertiría en nuestro Viñedo Remolinos. Lo llamamos así por una de sus características más especiales, unos diminutos vórtices en los que el viento agita el polvo en espiral, danzando a través de las viñas y manteniendo a nuestras uvas sanas desde el envero hasta la cosecha. A más de mil metros de altitud sobre el nivel del mar, nuestro viñedo es uno de los más altos de la región. Es por eso que, por las noches, el aire puro de los Andes refresca la tierra caliente por el sol de la tarde.

A medida que maduró nuestra comprensión de las cualidades únicas del lugar, algunas cosas comenzaron a ser evidentes. No comprometeríamos nunca la calidad de nuestros vinos, y plantaríamos sólo aquellos cepajes tintos que se adaptaran perfectamente al microclima de Agrelo.

El terreno presentaba un entramado de distintos tipos de suelo, por lo que tendríamos que estudiarlo y trabajarlo centímetro por centímetro. Comprendimos también que la recompensa era grande: Cada parcela de nuestro viñedo sería única, con su propio carácter y personalidad. Para lograrlo, nuestra viticultura tendría también que ser sustentable, y nuestro impacto sobre el medio ambiente, mínimo. También nuestro entorno debería desarrollarse, por lo que nos propusimos colaborar activamente con la comunidad que nos rodea. Nuestra filosofía de trabajo requeriría tanto del saber local como del know-how internacional, y, por sobre todas las cosas, de un proceso obsesivo de cuidados de principio a fin, que nosotros llamamos ‘Amano’.

Así, con la convicción y la visión originales de Thomas, elaboramos vinos únicos, genuinos, que reflejan la expresión de nuestro Viñedo Remolinos en Agrelo. Para las futuras generaciones construimos Decero, de cero.